18 nov. 2015

La espuma del café con leche.

Si, lo sé. Andás en la búsqueda de algo nuevo. La indecisión y vos se juegan siempre una contienda interminable y la mayoría de las veces termina por frustrar la búsqueda.
Es que todos necesitamos algo con que jugar, todos necesitamos algo que nos mantenga esperando con ansias un rato libre para sentirlo definitivamente nuestro.
Hace un tiempo decidí que voy a comprar una buena cámara de fotos y hacerme la pro en cada vacación que tome. 
Más fotos veo, más creo que tengo que hacerlo. Y más ahora que la tecnología te pone al alcance mil aplicaciones con sus filtros para que vos subas todas tus fotos sin filtro.
Miro, critico y digo: yo podría hacerlo. 
Quien no pensó en la famosa ecuación:













En fin, estuve varias veces a punto de comprarla. 
Me acuerdo que una vez tuve en mis manos la cámara de mis sueños y por un momento sentí que mi vida iba a cambiar ni bien pagara y dejara el local. El problema es que el local estaba ubicado en Ciudad del Este y la mega oferta que el triplefronterino me ofrecía, por un segundo me causó tanta desconfianza que pensé que si la cámara era trucha mis fotos también lo serían. 
Indecisión= 1 / deseo= 0.
Quizás el anuncio del futuro presidente y su devaluación inminente, me haga resolver el tema con urgencia. Quizás la indecisión marque otro tanto en el tablero de pendientes. 
Lo cierto es que dé a ratos me imagino que cosa debería tener o hacer una cámara para ser la indicada. No hablo de especificaciones técnicas, ya alguien intentó explicarme lo imprescindible y tan pronto me dijo “entendés?” entendí que jamás lo entendería.  
Pienso en aquello que siendo mi cámara debería fotografiar a la perfección, aquello que me demuestre que es la mejor de todas y bueh… no estamos hablando de algo menor.
Se harán todos esa pregunta? 
Yo conocí a alguien que se la hacía… y en una época muy parecida a esta. Corrían los últimos meses del año 2000 y ella (con alguna data - o no!- del futuro corralito) andaba en la búsqueda de su cámara perfecta. 
Fuimos con el experto en cámaras (ese que me dijo “entendés?”) y nos metimos en un local de calle Libertad o por ahí. El tipo tenía de todo, pero ella solo buscaba algo especial, así que lo dejó hablar y luego le preguntó: “está bien, pero con esta cámara va a salir bien la espuma del café con leche?”.
Dijo esto una y otra vez, en uno u otro local. Y yo que no entendía nada, me enamoré de su búsqueda y sin más, creí junto con ella que no había nada más importante en el mundo que una foto que mostrara la espuma del café con Leche.
Nunca más la vi. El experto me dice que está muy bien y no lo dudo. 
El mundo y la post modernidad se encargan de recordarmelá en cada foto que la gente muestra desde un local de Starbucks. 
Los nuevos artistas, expertos en hacer dibujos con espumas de cafés con leche me demuestran que no hay ni un solo deseo que pueda considerarse absurdo. Que no hay deseo que no deba seguirse.
La Maga


12 nov. 2015

Un día como hoy

Al final aunque te regalen la posibilidad de vivir una vida de mentiritas (esa que contás en el muro de tu Face), el vacío ya se ha hecho tan grande que aún así, no sos capaz siquiera de imaginarte una nueva historia todos los días para contarles a los amigos de tu muro. 
Pero no te desesperes, Facebook siempre te ayudará a que tu vida virtual no decaiga. Para aquellos que hoy no tienen nada bueno (o nada a secas) para contar llegó la función: UN DIA COMO HOY!!! 
Es como esas tediosas reuniones de “ex compañeros de lo que sea” donde la misma anécdota se cuenta una y otra vez. Hoy rememorás una foto de hace 3 años y que pasará el año que viene? Un recuerdo de un recuerdo… una imagen tan enroscada como esa que ves cuando subís a un ascensor con espejos por todos lados, donde vos te vas haciendo cada vez mas chiquitita hasta convertirte en un puntito. 
Me causa gracia que los programadores te presenten la idea de que el Facebook se puso nostálgico. 
Me da pena también, porque su inteligencia artificial es tan absurda que no sabe que hay gente que sube allí sus peores recuerdos, como el caso de un usuario que intentó hacerle juicio porque le recordó que un día como ese, su hija había muerto. 
Hoy dicen que la lluvia se avecina, pero lo bueno es que será una lluvia de verano, esa que te cae como una bendición cuando salís del subte con la espalda transpirada. 
Hoy puede ser un gran día como dice Juanma. Salí a buscar tu recuerdo. 
La Maga

18 oct. 2015

La pérdida del presentismo




Primero fue la antigua máquina fichadora, muy parecida a una tostadora de pie, en la cual en vez de una feta de pan lactal, metías un cartón con tu nombre y después de quemar el cartón con la hora, la muy alcahueta te lo escupía en la cara mientras vos cruzabas los dedos para que no te haya cambiado justo de 00 a 01.

Luego llegó el molinete y una tarjetita blanca de plástico que ni bien apoyas en el lector, lee tus datos e inmediatamente le manda la información a tu jefe.


Formas diversas de ponerse la gorra, de disciplinar el mundo del trabajo. Algunos caen más rápido, otros reniegan un poco más. Algunos dependiendo de cuan alto esté ubicada “su” empresa dentro del ranking de las grandes corporaciones, muestran orgullosos la famosa tarjetita blanca. Como si fuesen un trofeo la sacan a pasear, la cuelgan en la cintura, la lucen orgullosos por la vida, tal como lucirían las estrellitas que se pegan en la pechera de los polis cuando por algún dudoso mérito, pasan de ser un simple oficial y se convierten en cabo primero.


En los últimos años aparecieron las modernas digitalizadoras de dedos, mucho más efectivas que las tarjetas que mencionaba antes, que siempre pueden ser apoyadas por un portador cualquiera aunque no sea su dueño y que casualmente es aquel que, sabiendo que llega más temprano, le hace el favor al resto.  Estas modernas máquinas, abren un dominio distinto, verifican tus huellas dactilares, las que previamente tuviste que haber registrado en la oficina de recursos humanos. Llegando a esta altura, el sistema se muestra tal cual es, sin apariencias, no pretende ser otra cosa. Se vuelve cada vez más irreverente mostrando su verdadera función: la de no ser más que la entrada a una especie de cárcel, mientras apoyas el dedo te invitan a pensarte como algo más cercano a la categoría de criminal o de pobre desposeído - que está a un solo click de cometer un delito -, que a un hombre que se realiza a sí mismo al tiempo que realiza su trabajo.


Todas estas maquinolas creadas y pensadas por los dueños del mundo, esconden en su interior el secreto del tiempo mundial. Un tiempo extremadamente cruel, que determina tu existencia y supervivencia en el mundo real. Un segundo delante de ellas basta para que indiquen sin opción de protesta, si vas a perder el presentismo o no. Un segundo delante de ellas basta para desaparecerte por el resto del día.

Y yo me pregunto que es de nuestro cuerpo cuando la máquina controladora del tiempo determina que hoy perdiste tu presentismo?
Qué pasa con toda esta masa de carne, huesos y sangre? Dejamos de existir así sin más? En que dimensión se mueve uno cuando ya no se está presente?

Hoy domingueando entra cafés con leches y lecturas, más presente que nunca, me gusta imaginar que cuando uno pierde su presentismo, en realidad ha logrado robarle unos minutos a ese reloj repugnante y odioso que tanto les quita a los hombres de ciudad y que tan pronto como uno se desintegra en el espacio, ingresa en una red de fibra óptica junto con otros tantos desacatados y como si fuese un aprendiz de hacker, llega hasta la pantalla de su jefe para sin que este se de cuenta tirarle una plantación entera de tomates a la pantalla (que naif!!!, acá imaginensé uds. lo que podrían tirarle, sirve cualquier cosa roja mirá:) mientras éste cree que está mirando la alerta roja de tu llegada tarde y vos en realidad estás desintegrado del otro lado, propinándole una serie de insultos, gestos obsenos, cagándote de risa de su cara de ojete.

La Maga. 

16 oct. 2015

White God

Habiendo hecho bosta en tiempo record la sección de películas independientes de Netflix, el otro día me vi obligada a buscar alguna buena peli para bajar.

No me considero una buena crítica de cine (Uds. tampoco lo harán) sino más bien una “medio pelo”. Podría haber inventado que elijo un director, que sigo todos los festivales habidos y por haber, que he ido a cada ciclo de cine extranjero que se ha realizado y bla bla bla… pero lo cierto es que ya le he dado crédito a varios directores reconocidos y he intentado con algunos festivales y sin embargo, mi desilusión crecía a medida que también lo hacía mi deseo de ser una entendida en el tema.

Para mí las pelis se seleccionan así: 1º por la tapa y antes que esto el nombre siempre es el primer filtro, 2º si la tapa me dice “podría ser”, chequeo los actores y los directores y por último leo la sinopsis y veo el tráiler en youtube. Algo así como volver a mis raíces… al gran método video club, buscando de manera exhaustiva una tapa que te flasheara. Mientras tanto fui aprendiendo el arte de la selección de pelis sin que “nadie” influyera en mi decisión, más que el diseñador de tapas, quien -aunque uno piense que no es así-, sigue siempre un mismo patrón a raja tablas, que al menos para mí las hace fácilmente previsibles. [Próximamente prometo realizar una entrada con una tipificación de tapas, para que los más despistados no se ensarten una y otra vez con lo que no hay que ver].
Entonces, estaba revisando www.argenteam.net (recomiendo… de paso) y un título por fin me llamó la atención: “White God” 
y su tapa con unos cuantos perritos en la oscuridad de la noche.
Aunque me gustan los perros y me gustan en general los animales (no soy la única, claro está), sería mejor guardar algunos reparos (si es que es correcto llamar reparos en lugar de razonamientos medianamente coherentes que intentan ir más allá de una moda) para con esos nuevos movimientos pro animales o aquellos que bajo el mismo lema, soslayan una movida tan actual como la de no comer carne solo porque las grasas te llenan de agujeros el culo. Creo yo que no hay nada mas incoherente en esta época que aquellos que juegan a ser los héroes y embajadores del respeto por el reino animal, mientras viven una vida de hombre explotado y explotador, consumidor de todo tipo de productos que en algún momento de su producción terminarán explotando tanto a humanos como animales, una vida amando la naturaleza mientras habitan en un pequeño departamento del centro de una gran ciudad, en el cual es muy posible que jamás conozcan el nombre de su vecino, una vida... para qué seguir?.

Entonces - quisiera pasar del entonces-, White God o Fehér Isten mirá el trailer en húngaro, presenta la historia de “una nueva ley que da preferencia a los perros de raza e impone un impuesto considerable por las razas cruzadas, lo que provoca que las perreras se llenen rápidamente de perros abandonados que pronto serán sacrificados”.
Nuevamente una buena tapa me trae una buena película y si bien en una primera intuición, me pareció que quizás esta podría ser un golpe bajo para lograr acercarnos un poco más a los amigos veganos, finalmente terminó por reforzar mi idea sobre la imposibilidad de que aquel movimiento prospere, mientras sigamos sin mirar a nuestros vecinos siendo maltratados, a nuestros compañeros siendo maltratados, a nosotros mismos siendo víctimas de maltrato por parte de otros vecinos, compañeros y nosotros mismos. Mirenlá, la recomiendo, realicen su propia aventura y luego me cuentan.

La Maga. Anticrítica de cine.

15 oct. 2015

12 oct. 2015

Moves Like Jagger

Hay días en que las peatonales porteñas están especialmente trabadas para transitar y una carrera de obstáculos se inaugura ante tus ojos, tan pronto pisas Lavalle o Florida.
Nunca faltan los turistas (gracias al cambio y al subdesarrollo), que taponan los carriles rápidos peatonales, tirándose en picada como kamikazes, sobre cualquier vidriera que tenga el cartel de Tax Free o el Sale Off, tacleando a lo All Blacks a cualquiera que se cruce entre sus ojos y su objeto en oferta.
Me da la impresión que la cosa se profundizó en los últimos tiempos, ahora que las “tiendas de objetos” ex bazares, las “tiendas de café” ex cafeterías, o las “tiendas de helados” ex heladerías (ésta para mí es la más ridícula de todas), prosperan y proliferan gracias a esa extraña movida de nuevos emprendedores que nombran “tiendas de” a sus negocios para tener a los hipsters mas pendidos que tele de conserje.
Esto ha dado como resultado que una horda de viejos y tradicionales dueños de grandes marcas, reacios a sucumbir a esta moda, radicalizaran su estrategia y reforzaran sus cartelones con millones de palabras en inglés: I love u mom!!! Dice prune, etc, etc… y entonces, todo está a la vista de aquellos ojos globalizados, todo más fácil para la mirada ajena. Y ahí los ves, brasileros, yankies, todos los en picada hacía las vidrieras y vos esquivándolos!
Pero no podemos echarles la culpa de la lentitud peatonal solamente a ellos, por su parte, las plataformas femeninas han ayudado mucho también. Por día es muy común encontrar alguna que otra retacona inexperta, que decidida a levantarse a algún compañero de trabajo o al jefe, se clava los zancos, vuelca en el camino y paraliza de risa la fila.
Ayudan también los señores de antes con su tiempo de antes, los adictos al celu, en fin, cada uno aporta una traba particular.
Cuando esto sucede, rogás por llegar al subte de las “menos veinte”, ese que todavía guarda los dos últimos asientos destinados al afortunado que menos trabas encuentre en el camino. Y tus opciones se reducen a dos:
La primera: empezar a romper extremidades tal como lo hace la mayoría, sin dejar de pedir perdón con una sonrisita que presume ser cordial pero que a leguas uno sabe que es forzada.
La segunda: es la que te quiero hacer llegar a vos o la que me funciona a mí. Sacar a relucir las caderas.
No importa sino tenés… acordate de Adam Samdler en Happy Gilmore. Hablo de caderas para evadir situaciones, esas caderas para evitar el sopapo que tu vieja te tiraba sin preavisos en la mesa del comedor, cuando algo se salía de control.
Un buen movimiento de caderas que se activa con un temita que te enganche con su inercia. Yo pongo Play y comienza el juego. Me dejo llevar: I've got the moves like Jagger… I've got the moves like Jagger, un paso luego el otro y la gente va quedando atrás boquiabierta y si viniésemos equipados con espejos retrovisores, los verías tirados  a lo lejos como conitos naranjas sobre rutas en reparación. Nada ni nadie te para... la gente comienza a abrirse paso ante tus movimientos, algunos distraídos quizás no te advierten desde temprano pero al aproximarte, el fuego en tus caderas quema y al toparse con vos, solos se apartan de tu camino.
Probalo, prometo que antes que termine el tema estarás sentado de regreso a casa.

La Maga

6 oct. 2015

Creencias

-"Dame un Marlboro de 10", dice la señora quien minutos antes de tener toda la ventanita del kiosco para ella sola, se empecinaba en desarmar la idea de “cola”, moviéndose de a un lado al otro, sin mantenerse en línea con el último culo delante suyo y abriendo la posibilidad a que algún intrépido salteador de colas, ocupe su lugar y nos hunda en la miseria de tener que esperar 2-eternos- minutos más por nuestro deseo. 
El kiosquero deja caer la cajita en el aparador. La mujer agarra los cigarrillos y sin titubear le dice: -"No… Cambiame la marquilla".
-Cómo? "Querés otra marca?" le dice un pibe de unos 25 años, asomando la cabeza por la ventanita. 
La señora impaciente le dice: - "No, no, no! No tenés una caja distinta? 
- "Ahhh si!... pera".
El pibe le saca de la mano al Tipo con respirador y le entrega a Gangrena. La mujer mira la caja complaciente y se la guarda en el bolsillo. 
Segundos más tarde la cruzo en la entrada de la facu fumándose un Gangrena a todo pulmón. Y solo un ratito después desde un banco de la primera fila de mi clase de Religión y Sociedad, levanta la mano y retomando un pequeño debate abierto hace un instante nomás, dice: 
-"yo creo que los argentinos no somos una sociedad muy creyente". 

Caramba! Cada uno elige creer en lo que se le dé la gana… y yo, que recuerdo muy bien su incidente con la marquilla, creo que a diferencia de la señora, es una suerte enorme conservar intacta mi memoria a corto plazo. 
Me acomodo en mi asiento de última fila para ver cómo le revolean por los aires fogozas respuestas a su comentario un poco apresurado, no sin antes abrir el alfajor triple que compre en ese mismo kiosco... Pero Puta! si tan solo pudiera recordar donde carajos lo metí… Creo que lo había guardado por acá….


La Maga

25 sep. 2015

Despacio

El chino me cobraba las papitas y una latita de birra… serias promesas de levantar mi nochecita de viernes. 
Un tipo detrás mío en la cola queriendo resolver su viernes antes que yo, también preguntaba cuanto salían las papitas. El chino no le entendía bien o se hacía el que no. 
Yo los miraba con un par de billetes desvencijados en la mano: - “Agregame el Cadbury con almendras". - 
El tipo de atrás insistía. Vuelve a preguntar: - “a cuanto las papitas?”. - 
El chino seguía pensando en China… el tipo se desespera y le tira las papas en la caja. – “Viene el tren!”. 
Agarra la mochila aún más desvencijada que mis billetes, que había apoyado en el cajón para los envases y cruza corriendo la calle. 
Una camioneta Fiorino queriendo también llegar temprano a su casa, lo levanta por el aire y cambia los planes de ese viernes. 
Yo devuelvo el chocolate. Ya no me alcanza la plata… pero tampoco tengo hambre. 
Ahora si… el tipo no corre más, la cuadra toda se detiene. 
Despacio… muy despacio salgo del chino. 
La Maga

“Un niño que no sabe jugar será un adulto que no sabe pensar”

Pensá en eso cada vez que intentás echarte la siestita en el subte y la presión del culo gordo de al lado te empieza a calentar la cadera. 
De repente la presión se libera. El culo gordo se bajó y se puso andar por Corrientes. 
Relajás y pensás que el calor va a aminorar en menos de que el subte llegue a la próxima estación… pero no! ahí viene… otro pobre adulto dedicado a los placeres de la repostería, que de pequeño jamás recibió de regalo ni un bloque de plástico, de esos que bien encastrados te permitían armarte el castillo… o lo que se le cantara a tu imaginación infantil. 
El nuevo culo gordo mira el lugarcito disponible y ausente de juegos en el pasado y tentado por la textura de terciopelo, toma carrera y se tira de cola al lado tuyo. Abrís los ojos, mejor dicho… la presión te desorbita los ojos y vos te calzás el papel de linda Blair en el exorcista. Das vuelta la cabeza 360 grados solamente para mirarlo 2 veces y estás a punto de clavarle todas las maldiciones, pero las gotitas de sudor en la frente y/o nariz de tu abatido enemigo te parten el corazón… 
Cerrás los ojos y retomás tu siestita… ahora una cancioncita de la vieja Rusia comienza a sonar en tu cabeza y sin darte cuenta, rezas porque YA YA YA MISMO!!! te caiga la pieza larga roja del tetris que te hace bajar 4 pisos, mientras puteas en colores al gordo y a su falta de perspectiva. 
La pieza no cae, vos sabés que vas a perder, pero una voz dice: Estación Carlos Pellegrini, combinación con Líneas… 
Abrís los ojos… Ya está, el malón se baja, lo peor del viaje ya pasó, tranquila. Ahora solo te quedan 9 horas de puro empeño al servicio del interés privado, en un escritorio que con suerte de a una ventana, donde alguna vez asome un rayo de sol que logre entusiasmar tu corazón prometiéndote un paseo al aire libre, que solo podrás hacer llegado el fin de semana. 
La Maga

23 sep. 2015

La Primavera


22 sep. 2015

Ion like a Lion in Zion

Y nuevamente llega el momento del divague post almuerzo laboral. Agarrás el celu y te aburrís con ganas o te ponés el saquito y salís a andar por los alrededores de la oficina. No importa cuán lindas sean las calles, las vidrieras y los negocios que mirás, ni siquiera importan ya tus hermanos trajeados. Todo está bañado de una aridez y un sinsabor típico de un recreo laboral. 
Yo decidí salir a pasear por los Pago Fácil del lugar. Así y todo, la salida me parecía un muy buen plan, mucho más interesante que mirar el celu, aunque eso significara devolverle al “sistema” un alto porcentaje de la plata que unos días antes había cobrado. Los billetes lo sabían más que yo y comenzaron a enredarse mientras pasaban de derecha a izquierda y viceversa por mi billetera roja, negándose a toda costa a su inevitable y trágico destino como el de ir a parar a la caja registradora del kiosco -y pago fácil- de “La Chocha”. 
Terminado el trámite, me encaminé a visitar el Bed Time de la estación de subte Inclán o Inclan (nadie nunca supo bien como decirle y no será por burros, más bien sospecho que en realidad son dos las estaciones y según el universo paralelo en el que te toque vivir y cuanto hayas leído a Hawking, podes bajar a Inclán o Inclan). En fin, estaba casi por entrar a “tiempo de cama” y fue en ese preciso momento, en el cual una parejita que unos pocos pasos delante de mío se debatían entre insultos y abrazos, de repente puso 5ta. e ingresaron al local unos segundos antes que yo. 
Ahí nomas quedé yo, varada en el medio del salón y rodeada por una flota de almohadas y colchones de resortes. 
La parejita se perdió por un pasillo de nubes de algodón junto con la señora que los recibió y unos instantes más tarde, mis piecitos fueron derechito al montículo mullido más cercano y de un pequeño salto acomodaron mi cuerpito boca arriba. 
Las persianas de mi cara comenzaron a bajarse lentamente… mi ojo bueno se resistió con una fuerza increíble, el malo (que aunque no parezca ha sufrido el embate descarado de una docena de severos orzuelos, que en la juerga oftalmológica denominan “chalazión”*) empequeñecido y enrojecido por el trastorno mencionado, empezó a cerrarse de una manera un tanto insolente. Fue ahí que en el interior de mi parpado maltrecho, empezó la proyección de una serie de imágenes con motivos en verde, amarillo y rojo, mientras Bob Marley levitaba llevado del pico por tres pequeños pájaros y cantaba: “Baby, no te preocupes por nada” ♪♫ y yo lo seguía caminando por un sendero plagado de hojas de marihuana, hasta llegar al pie de un monte donde un cartel muy humilde daba la bienvenida a un pueblo sagrado llamado Zion (Meca de todos los rastaman y actual ciudad de Jerusalén). 
Estaba por dejar la línea interestatal que me alejaría definitivamente del sur de la ciudad autónoma de buenos aires, cuando una voz del más acá me dice entre tosecitas nerviosas y con tono sorprendido:

- “Te puedo ayudar en algo?”. 

Abrí mi ojito mientras mi manito no paraba de acariciar el jackard del colchón, tal como Máximus acariciaba los pastizales en Gladiador, y haciéndome la divina me incorporé y le dije:

-“Lo estaba probando nomás… excelente calidad! Cuánto cuesta?” 

Mi celular indicaba que solo había estado en el limbo apenas unos 10 minutos… y a penas me volví caminando, pero no lo hice sola. Llegué a la oficina y cuando quise tocar el timbre, vi que en la mano derecha traía apretadita la tarjeta que me había ofrecido aquella voz que me había desterrado del paraíso. Tiré todo en mi escritorio y fue entonces cuando la duda me inundó el cerebro. Cayeron las llaves y el celular, cayó también la tarjeta por el dorso, mostrándome un mensaje anotado a mano. Mi corazón comenzó a palpitar rápidamente… Porque señores! puede que no haya estado en Zion, incluso puede que todo haya sido un lindo sueño o uno muy limado, pero tengo que haber estado muy cerca y eso nadie podrá negarlo, porque lo cierto es que en la tarjeta había una palabra escrita con letra bien clarita y esa palabra era: Belén.

*Chalazión: Es una protuberancia pequeña en el párpado causada por un bloqueo de una pequeña glándula sebácea. 
La Maga. 

12 sep. 2015

PARA QUE SIRVEN LOS TRAUMATÓLOGOS

Ayer fui al traumatólogo, un especialista al que se supone que la gente visita cuando algo no “camina” o no “anda” bien. Sé que no soy la única a la cual la absurda comodidad de la ciudad le regala su trauma, cargado de un humo negro que algunos escépticos llaman Smog, que de seguro logra nublar tus pensamientos hasta el punto que sólo un especialista te puede ayudar. 
Llegué al lugar y me indicaron que el traumatólogo me esperaba en el subsuelo y pensé… que apropiado! será preciso sumergirnos en las profundidades del problema para comenzar a sanar. 

En la sala de espera había muchas otras personas con problemas esperando al especialista en traumas y para mi sorpresa, casi todas ellas mostraban alguna complicación manifiesta en su cuerpo. Sentado en un rincón un tipo con un yeso en el brazo me miraba de reojo. Dos o tres mujeres se movían por ahí usando unas botas bucaneras bastante altas y muy modernas, que solamente llevaban puesta en una sola pierna… Que moda mas boluda!! Me dije… y relojeando a mi alrededor, elegí el mejor lugar para sentarme, una sillita un tanto incomoda que estaba justo al lado de un aparador, que en el día de la fecha exhibía una mano de plástico, un estilo muy parecido al de Dani… 

Descartemos de la pregunta “qué Dani?” al futbolista y rompe corazones Daniel Osvaldo, calculo que si hubiesen querido erigirle un monumento a ese Dani, lo mejor hubiera sido que en vez de una mano, asomara uno de los tantos botines usados por él. Artículo sumamente controvertido que vendría a provocar el deleite y regocijo de otra gran proporción de la población de la ciudad (femenina en su mayoría), a la cual el “smog” las trauma de tal manera, que las va convirtiendo en un caso especial y que algunos reconocen con el nombre de “botineras”. Dicho trauma, a diferencia de otros, presentaría síntomas diversos pero bien definidos: comienza con la adoración seguida de persecución a cualquier persona que utilice botines, luego se va agravando por un fanatismo y/o fundamentalismo por el dinero fácil, provocando una baja total del autoestima, pudiendo alterar su conducta hasta llegar a un alto grado de exhibicionismo tanto en vía pública como en medios de comunicación, mientras se va evidenciando una gran transformación del cuerpo, que se completa -ya en su fase final- con un serio hinchamientos de pechos y labios, pérdida de color en el cabello, y en la mayoría de los casos, con numerosos inconvenientes en el habla y/o en el razonamiento. Por suerte no había ejemplares del famoso trauma en la sala, cosa que también me llamó la atención. 

Volviendo al estilo Dani, enseguida interpreté que la mano no era más que el homenaje de algún director del piso al mismísimo gobernador Scioli… Por supuesto, no con intención política, sino más bien como distinción (y estímulo para todos los traumados) por su enorme lucha y su conmovedora recuperación luego del trauma sufrido en aquel accidente en el que… bueh, todos vimos y sabemos de aquel accidente, así como todos sabemos “del pibe de los astilleros” y "de las piernas más bonitas”… y aunque no sepamos todavía donde habrá ido a parar la mano, he visto que hace un tiempo se ha lanzado una gran campaña desde la fuerza policial provincial, que cuenta con enormes carteles colgados por las rutas del conurbano, exhortando a lo siguiente: “SI VES ALGO Ó SABES ALGO, LLAMA AL 911”. Menuda tarea si no interpretaste la consigna de manera correcta, podría haber gente que perdiera la vida entera llamando al numerito e informando todo lo que aprende cada día. Decidí pasar la demora que la mayoría de los especialistas te aplican entre turno y turno, mientras se cagan de risa de nuestra ridícula condición de “pacientes” y apuestan por un chat inter-consultorio, en qué momento el cara de boludo ese o la gorda pelirroja aquella, volarán de ira y en un rapto de ansiedad descontrolada serán capaces de romper el cristal, robar la mano plástica y abofetear a la secretaria mientras el resto de los impacientes arenga al nuevo héroe agitando sus órdenes médicas con ánimo de que la bofeteada nunca termine. Algunos entraron y salieron y nadie se atrevió a chorear la mano… entonces saqué el libro y retomé una lectura, así bien ligerita porque no podía dejar de pensar en mi trauma y de cómo lo expondría puertas adentro del consultorio. Pero un pasaje del relato me distrajo nuevamente. De repente el texto comienza a describir a una extraña criatura, delicada como la porcelana, con labios y aterciopelados cual pétalos de rosa, etc. etc. (y paro con mi penosa descripción por respeto al Oscar), quien le roba la cordura al joven Gray... hasta ahí nada nuevo, ya habían pasado criaturas exquisitas o más bien, ya me las había imaginado todas, lo cierto que es que la minita, actriz ella, se llamaba Sybil Vane y que querés? de nuevo la rosca de las extremidades me da vuelta en la cabeza... Por favor! cuantas quisieran calzarte los zapatitos de Sybil Vane! Y ojo que todavía no terminé el libro y puede que Sybil, como muchas otras tantas actrices haya terminado en cualquiera, aunque lo dudo seriamente porque hace unos días descubrí a metros de donde trabajo, que hay una especie de “museo boutique” con una marquesina a todas luces que tiene su nombre, una especie de lugar donde parece que se muestran todos los calzados que usó la minita, pero además creo que si te gustaron algunos te los hacen a medida y te los podes comprar… así que ahí las ves: señoras y minitas llenan el museo llevándose los pares de recuerdo, algunas se empujan entre sí y más de una vez he visto tironeos picantes por algún par, seguramente alguno que Sybil habrá usado en su obra más famosa. Pensar en la imagen de ese comportamiento me invitó a reflexionar sobre una nueva especie de trauma, pero quizás convenga no enmarcarlo como una sub-clase del llamado trauma consumista en general. Lo cierto es que a veces se pueden juntar el trauma botinera y el trauma Sybil en el mismo lugar y en ese caso el desenlace podría ser muy divertido. 

Por fin, alguien por ahí dijo mi nombre, la voz tenía forma de Dr. entradito en años y cara de simpático. Me ofreció pasar y enseguida mis ojos buscaron algo parecido a un diván, solo necesitaba desparramarme en él y balbucear todas esas palabras sin sentido mientras el Dr. simpático las fuera traduciendo en esa loca trilogía del ello, yo y superyó. Pero no había diván, solo una camilla de cuero bastante dura en la que únicamente me pude sentar. Le empecé a contar de mi trabajo y de mis esfuerzos por sentirme cómoda en este puesto, pero el insistía en los detalles más incoherentes, tales como: la forma de la silla, o en qué forma me sentaba, si hacía ejercicios en la semana y mientras hablaba me revisaba la espalda y me hacía unos leves masajes en el cuello… también me agarró las manos y me hizo hacer unos dibujos muy raros en el aire. Yo creía que sólo ellos garabateaban dibujitos que nunca te mostraban. Por mi parte intentaba que escuchara mi problema, le contaba que estaba muy cansada, pero que al llegar la noche no podía dormir bien y él me preguntaba sobre mi almohada. Por último me miró a la cara y me dijo: "querida tu problema es postural. No tenés nada de qué preocuparte… porque no probás con el Yoga? Eso te va ayudar".
Yo que todavía no había ni empezado a hablarle de mi madre lo miré medio aturdida y mientras me despedía pensaba... que manera más irrespetuosa de subestimar mi comportamiento… si tan solo de un día para el otro todos pudiésemos cambiar nuestra postura frente al mundo y dejar los traumas atrás… él y todos sus amiguitos traumatólogos se morirían de hambre.