21 jun. 2016

PARE


Señales


 PARE - Cementerio de la Chacarita

 ENSEGUIDA VUELVO - Cementerio de la Chacarita

INTEGRA - Cementerio de la Chacarita

18 jun. 2016

Yo te canto

Porque es FINDE LARGO…
Porque salió el sol…
Porque si!
Hoy no vamos a escribir… hoy queremos cantar!
Ensayo de fin de semana. Armando... La lista para algún futuro chow!!



Esclavos del silencio - punkeke cover

9 jun. 2016

No da para un viernes

- No doy mas… mejor me voy a la cama, pensó Lola.

Era temprano, ni siquiera había terminado la novela de las 21:30 pero sus pupilas ardían y solo aguardaban el alivio de unas cuantas lágrimas que se escabullirían a oscuras sobre su almohada. Almohada que una vez más la escucharía silenciosa, embriagándose con la triste humedad de los sueños rotos.

¡Qué infortunio el de esa almohada!. Eran tiempos difíciles. La melancolía y la desazón habían ganado las largas noches del otoño de Lola y los días cada vez más cortos ya no alcanzaban para ventilar los amargos sentimientos de la noche anterior. Al contrario, estos se fueron haciendo cada vez más feos, más densos y más hediondos, al tiempo que el cuerpo de la almohada se fue poniendo más chato, más duro y más oloroso.

Esto no hubiese sido un problema para otra clase de almohadas sin embargo, para ella esto constituía una clara sentencia de muerte. Su confección era vulgar, un tosco relleno de guata y el cartel del 50 % de descuento habían servido para convencer a Lola de rescatarla del estante de la blanquería y llevarla a su cuarto, que en aquel tiempo vibraba lleno de esperanzas.

Pero las circunstancias eran otras, el panorama actual había dado un vuelco rotundo y hasta la almohada había comenzado a lamentarlo.
- ¿Por qué no estaré rellena de plumas?, pensaba ella. - Seguro hoy estaría echada sobre una cama mucho más cómoda que esta y no tendría que soportar penas tan grandes como las de ahora. O quién sabe, quizás hasta podría remontar vuelo y echar bien lejos las angustias de cualquier noche, por más dura que sea.

Sin embargo esa noche Lola dio vueltas y más vueltas en la cama tratando de refugiarse de un llanto agudo que convulsionaba su pecho y no logró conciliar el sueño hasta que el primer tren de la mañana comenzó a rodar por los andenes del norte.
Soñó con edificios bajos, con pasillos llenos de macetas enmohecidas como de costumbre y luego sonó el despertador. Estiró la mano y tomó del piso el mismo sweater que había usado el día anterior, dejó la cama y sin desayunar salió de la casa en dirección al trabajo.

La habitación quedó vacía, ni el sol se atrevió a asomar por su ventana. Hacía días que se escondía tras un piquete de nubes negras dejando a la deriva a los corazones heridos. Los días se volvieron más grises y los mates más amargos.

La tele del vecino se encargó de propagar el pronóstico del tiempo por todo el edificio y según el locutor ese mismo día iba a ser el más frío del año.
Lola había desaparecido de la escena y no pasó mucho tiempo antes de que la temperatura comenzara a descender entre las sábanas, dejando a la deriva a la almohada que había quedado retorcida en un rincón completamente empapada.
El frío comenzó a helar su cuerpo de manera tal que una lágrima, la más pesada e inconsolable que el cuerpo de una almohada jamás haya soportado, se cristalizó y se transformó en una pequeña estalactita que de manera irónica tenía la forma de una daga hecha de hielo.

La almohada se estremeció íntegramente y sintió un dolor tan intenso como insoportable. Entonces supo muy bien lo que debía hacer. Tomó aquella formación cristalina con ambas manos y sin dudarlo la hundió con fuerza en su pecho.

Al cabo de un minuto se sintió muy liviana y por fin creyó que ya no era necesario volver a desear el destino de otras almohadas, porque ahora todo su ser emprendía vuelo. Había logrado separarse de ese cuerpo andrajoso que aún permanecía tendido en la cama y en busca de nuevos sueños se durmió para siempre.

Lola llegó a casa más cansada que de costumbre, hurgó un rato en la alacena y luego de elegir unas galletitas se fue directo a la cama, pero ni bien apoyó la cabeza en la almohada notó que algo no andaba bien.  Así que la desfundó y allí fue que encontró el inmenso agujero por el cual se escapaba la guata amarillenta. Lanzó unas puteadas al aire y se levantó de la cama. Fue al living y tomó al azar uno de almohadones que descansaban plácidamente en el sillón, no sin antes pasar por la cocina y revolear la almohada agujereada con una puntería que jamás pensó tener, encestándola con puntaje triple en el tacho de basura.

Se acostó nuevamente y pensó que el día siguiente tendría que hacer una visita a la blanquería. O tal vez no, quizás por el momento podría seguir usando el almohadón. Mas tarde lo decidiría. 
Apagó a luz y al cabo de un instante se quedó profundamente dormida.













3 jun. 2016

AMEN

Amen

Windows

Mi compu me recuerda que debo actualizar la versión de mi Windows.

No jodas Bill, yo ya tengo mi propia versión.


Windows 1.1