12 may. 2017

Negra es mi alma, negro mi corazón

Otro relato cortito para "La Historia sin fin" en la semana del Amorhttps://escribeconnosotros.wordpress.com/2017/02/09/negra-es-mi-alma-negro-mi-corazon/

Catalina ultimaba detalles frente al espejo. Miraba de lado, eligiendo su mejor perfil, sonreía y cuando dejaba de hacerlo, sabía que ahí mismo, en la partecita mas saltona del cachete, debía colocar un poquito más de rubor. Nunca la tomaba desprevenida, tenía tiempo y de sobra.
Había estado esperando ese momento desde el último encuentro, hacía una semana. El azul le sentaba muy bien, entonces había elegido una prenda del mismo color para esta nueva ocasión.
Todo calculado, todo previsto, salvo el asunto del estómago que desde temprano, todos los jueves la ponía un poco nerviosa.
El amor había abandonado su ser primitivo e incontrolado, con 40 años cumplidos, Catalina había logrado volverse un poco más cerebral y por eso, un poco más libre. De eso había estado hablando en las últimas charlas con sus amigas, aunque en el fondo sus cálculos no le auguraran mayor felicidad.
Tocaron el timbre, su estómago atendió. Pablo había llegado. Un poco de perfume, cartera en mano y salió.
La velada fue perfecta. Catalina estaba desbordada, enamorada, todo lo que había deseado fue sucediendo sin siquiera tener que mencionarlo. Menos la parte en la que ambos se quedaban dormidos, enredados en esas batalladas sábanas de seda.
Él mencionó que se hacía tarde y que sería mejor volver. Ella no pensaba lo mismo, pero no dijo nada.
Ya en la puerta de su casa, Pablo la besó y le confesó:
– “Definitivamente el Azul es tu color”. Ella se sonrojó como una adolescente. Él agregó: “pero quizás debas cambiar el color de pelo”.
– “No querrás verme Morocha, como tu mujer?, o si?” El estómago de Catalina se pronunció.
– “No! pero que decís? por nada del mundo, me encantas rubia!”. Y siguió… “pero el viernes pasado su auto se rompió y tuve que pasar a buscarla por su oficina. En tu asiento encontró un pelo rubio. Me lo mostró y no dijo nada. Sé que esto va traer ruido. Pensalo”.
Catalina entró, prendió la luz del recibidor y allí, frente al gran espejo se quedó, imaginando su otro yo. Un yo donde el amor solo le oscureciera los cabellos y no su corazón.





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